La recolección de la aceituna
Cuando el esfuerzo del labrador y el milagro de la Naturaleza han producido su fruto, hay que recogerlo. La recolección de la aceituna es digna de ser recordada por lo que significó en nuestras vidas y para que las próximas generaciones sepan como era la forma de vivir de sus mayores.
Cuando el trabajo es duro y penoso pero inevitable lo mejor es intentar hacerlo con alegría, hacer de las penalidades una fiesta. Esto es lo que ocurría con la recolección de la aceituna. Cuando está madura, en pleno invierno, con la escarcha o el carámbano pegado al fruto, hombres y mujeres se disponían a la recolección, los hombres vareando y las mujeres recogiéndolas.
Para obtener un aceite de calidad, es fundamental recolectar la aceituna en el momento óptimo de maduración, cuando la mayoría está cambiando de color (envero), apenas quedan aceitunas verdes y algunas están completamente maduras.
El método ideal de recolección es el ordeño, a mano o con rasquetas. Lo más importante es no dañar la aceituna y transportarla lo antes posible a la almazara, para que el fruto no se deteriore.




